Asqueados de la
'partidocracia'. La opción...… ¡EL VOTO EN BLANCO!
Es probable que usted esté harto,
incluso más que harto de los políticos. Pero eso,
créame, no le convierte en un antisistema; todo lo contrario,
en un ciudadano, honesto, contribuyente elector muy cabreado. De hecho, el
problema que más le preocupa, detrás de los servicios básicos; el agua, la
energía eléctrica y la basura, es la clase política, Y motivos para el
desencanto, ciertamente, no faltan. Nuestros “líderes” -y no sólo
ellos: la mediocridad es un virus que carcome todos los niveles del
entramado político-, lejos de alentar esa primavera
democrática, parecen empeñados en ahondar más -si cabe-, la grieta que los
aleja de la masa de potenciales votantes. No a todos por supuesto, un
militante de probada fidelidad e inmune a los mangazos y oprobios del tránsfuga
y a las traiciones ideales, en esta elección seguirá votando igual, por
mucho que su líder -o precisamente por eso- eche toda la culpa a la oposición,
sin el menor asomo de rubor o la más leve autocrítica Y un votante confeso del oficialismo,
con tal de arrojar a los demás al fuego de la oposición, mirará hacia otro lado
cuando Reynaldo García pase de puntillas, sin mojarse ni
arriesgar, sobre la sentencia Judicial, con el argumento de que quiere pensar y
centrarse en "los verdaderos problemas de los ciudadanos", como
si éstos fueran robots que, desprovistos de principios, ideales y memoria,
sólo respondieran a estímulos económicos.
Entonces ¿Por qué conformarse con la
tibieza de un Cahiguara, la necedad
de un Aguilar, la soberbia de un Pepe Gutiérrez
o peor aún con la astucia inescrupulosa de García,
¿Por qué resignarse a la abstención -legítima, pero poco comprometida- o a
votar con la nariz tapada a un candidato con el único fin de cerrar el
paso al candidato rival, tal vez más mediocre y corrupto que aquél?.
Pero, ¿qué salida tienen los ciudadanos
asqueados de esta partidocracia que tiene poco menos que
secuestrada nuestra democracia? ¿Cómo pueden expresar su rechazo a un
sistema de partidos endogámico, de disciplina de voto, de adulación al líder, de
cuentas opacas y de corrupción rampante?, en el que no
siempre encuentran acomodo los más brillantes, sino los más dóciles y
serviles al sistema y sus aparatos.
Leer a José Saramago “Ensayo sobre la lucidez” puede ser un buen
antídoto contra la desesperanza para aquellos que, sintiéndose demócratas y
queriendo ejercer su derecho al voto, no se ven representados por una
clase política de la que, en general, abominan. "El sistema
democrático tiene una bomba, y la bomba es el VOTO EN BLANCO. Un
cambio democrático puede nacer del uso consciente, muy consciente, del VOTO EN
BLANCO. Eso sería darle un susto, un susto tremendo al sistema electoral, un
susto muy fuerte a la clase política con el voto en blanco. ¿Qué ocurriría, qué
haría un gobierno si se encuentra con un alto porcentaje de votos en
blanco?".
Esa es la pregunta: ¿Podría
mirar hacia otro lado nuestra clase política y fingir que no ha pasado nada si
los ciudadanos le dieran en las urnas un voto de castigo de esa magnitud? ¿Serían
capaces los aparatos de los partidos de contener una
marea de indignación cívica de tal calibre.
Asqueados de la
'partidocracia'. La opción...… ¡EL VOTO EN BLANCO!
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